El templo parroquial de Villafranca responde a la dinámica artística del momento de su construcción, ya que presenta elementos renacentistas solo en detalles decorativos, los concentra en los capiteles-ménsulas, en las claves de las bóvedas y en las portadas, tanto exteriores (principal y lateral) como interiores (portadas de la Sacristía Mayor y Menor) y no altera la técnica constructiva ni la concepción espacial que es gótica, al igual que en el Antiguo Reino de Valencia, que a pesar de la presencia de artistas provenientes de Italia (donde en el siglo XVI están en pleno Renacimiento) o italianos, las obras arquitectónicas y escultóricas (no así las pictóricas) parecían incapaces de asimilar los nuevos postulados basados en las leyes de la perspectiva y de la proporción y solo los añadían innovando en la ornamentación a lo romano.

         El Renacimiento Arquitectónico Valenciano tuvo que darse casi como inexistente, hasta fechas tardías, pero no es un Renacimiento puro, esta influenciado por su pasado y no enteramente en raíces italianas, ni en influencia castellana, sino que desarrolla sus propias variantes.

     Al comenzar el siglo XVI la arquitectura gótica vivía un momento en el que presentaba nuevas soluciones tipológicas y estructurales, que nada tenían que ver con la tradición gótica.

Y en la Segunda mitad del siglo se introduce con fuerza el Arte del Picapedrero que sitúa a Valencia en la vanguardia de  un nuevo acometer arquitectónico, lleno de geometría, técnica en el corte y dominio de la perspectiva que tendrá mucho que ver en la irrupción del arte renacentista en las formas decorativas, quizás iban siendo difundidas a lo largo de Reino por cuadrillas volantes de escultores, tallistas y canteros, lo que explicaría que la Iglesia de Villafranca  pareciera primero construida y luego decorada.

Se produce entonces una conjunción del Arte del Picapedrero y la introducción de un nuevo vocabulario a la romana a lo largo del siglo XVI.

 

     El repertorio ornamental renacentista se compone de grutescos en las pilastras, capiteles ortodoxamente corintios, medallones con bustos, armaduras a la romana, puttis alados, sirenas, cornucopias, grifos con cabeza y alas de águila y cuerpo de león, águilas sobre guirnaldas, arpías de colas enroscadas.

     A medida que avanzó el siglo, el nuevo lenguaje que al principio había tenido solo un tono decorativo se integra en criterios arquitectónicos como en el Palacio del Embajador Vich (en torno al año 1527), la reconstrucción del Almudín de Valencia en el último cuarto del siglo XVI, la amplia difusión que tuvo la serliana en la segunda mitad de siglo en ejemplos como el tambor del Hospital de Valencia (1540), la galería alta de la “obra nova” de la Catedral de Valencia (1566), las arquitecturas provisionales que se erigieron con motivo de la visita regia a la ciudad de Valencia en 1586 de Felipe II.

 

                                Al norte de Castellón se emprendió una evolución hacia composiciones de signo clásico, pero con persistencias góticas importantes, podemos ver ejemplos en La Portada de los Apóstoles de la Arciprestal de Morella, último cuarto del siglo XIV, con un desarrollo técnico en  los abovedamientos por cruceros, los contrafuertes ordenados a la clásica, pilastras con grutescos y hornacinas con estatuas; en La Lonja de la Lana o Cofradía de Olocau del Rey (Els Ports)(1541) que presenta estructura de arcos diafragmas de doble ojo, con arcos de medio punto en cantería apeados en pilares octogonales con capiteles casi románicos y una tenue incidencia de la decoración al romano de querubines tallados en un capitel; en La Iglesia de Canet Lo Roig (Alto Maestrazgo) (1570) donde hay una muestra de reinterpretación compositiva y tipologías del pasado medieval en un código clásico quinientista; la portada abocinada y con arcos apuntados en un ejemplo claro de la conjunción clásica y gótica que se produce en estas tierras.

   El Palacio del Marqués de Villores en San Mateu (Els Ports) presenta muy bien como el lenguaje romano, está sujeto a una tradición arquitectónica, ya que fue mandado construir a principios de la década de los cuarenta  y en su interior se conserva artesonado que delata directa inspiración del tratado de Serlio(1537) y  de la presencia de los carpinteros Jaume Galia, Joan Pero Machuquel y Joan Uber (estos últimos milanés y francés) o del importante escultor Joan de Salas que colaboró en el retablo de la iglesia de San Mateo realizado años antes. Y la fachada tiene actitud simétrica y ordenada en la disposición de los huecos, en la división de los pisos, con impostas molduradas a la clásica con dentículos, ovas y acantos, mientras que en las ventanas del primer piso poseen un repertorio de registros italianos, con pilastras con grutescos y capiteles con fantásticas cabezas humanas, las del segundo piso, rinden un tributo al pasado con abocinamientos, molduras  o jambas prolongadas en altura por encima del dintel. En la portada se puede entrever tendencias si buscar un sintagma clásico, con arco de cantería de amplio dovelaje cortado secamente en las esquinas por columnas abalaustradas y traspilastras, con capiteles de cabezas enroscadas.(volver a ruta renacimiento)

 

                                En los años centrales del siglo XVI se produce el Renacimiento Pleno, cuando las técnicas italianas empezaron a utilizarse más y surgieron sistemas de abovedamiento a la romana, y modernizaron las bóvedas de crucería.

     En el Norte de Castellón el nuevo lenguaje se pudo ver ordenando las portadas, las fachadas interiores y exteriores pero sin renunciar en ningún caso a las tradicionales técnicas constructivas, las góticas. La adaptación a criterios clasicistas fue lenta por parte de las Iglesias Parroquiales o Arciprestales que presentan nave con tramos oblongos, capillas entre contrafuertes, abovedamiento de crucería y cabecera poligonal, este es el caso del Templo Parroquial de Vilafranca (1567-1572), que se sitúa en este Renacimiento Pleno, y viene a ser una de las primeras en incorporar este lenguaje renacentista conjugándolo con la modernización de los modos góticos. Sus portadas exteriores y las del presbiterio presentan temas a candelieri y una ordenación todavía elemental a la hora de ordenar las pilastras.

   El mismo carácter tardío tiene la antigua Iglesia Parroquial de Vinaroz (1560) con talla escultórica renacentista y a la Iglesia de San Miguel de Canet lo Roig (1570) en donde el conocimiento del código clásico está presente pero nunca olvidando las tipologías y composiciones herederas de la arraigada tradición vernácula, la iglesia presenta una temprana interpretación del gótico con arcos apuntados decrecientes, sobrias pilastras y arcos renacentistas.

   Característica de esta zona del Maestrazgo es también la talla en madera inspirada por Serlio, que se reelabora con la carpintería tradicional de armar y que dominó el diseño de numerosas techumbres quinientistas valencianas entre muchas las del Palacio de Villores en San Mateo, La Casona del Marqués de la Figuera o el Ayuntamiento (1575) en Olocau del Rey, el Palacio del Cardenal Ram en Morella, el Palacio de Osset en Forcall (1550), y la techumbre de la Iglesia de Vilafranca que aunque fue restaurada se conservó con la misma tipología que la anterior. Se trata de aleros pronunciados y voladizos sobre alambicadas ménsulas clásicas que en algunos casos están sobrepuestas, concebido a la manera de una poderosa cornisa clásica.

       En torno a los años sesenta el nuevo lenguaje renacentista, basado en los órdenes, en el sistema de proporciones sacado de los tratados de Vitrubio, Alberti o Serlio, estaba establecido en el ámbito de la arquitectura valenciana. (volver arriba)