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Marie Claire, SA

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Cuando Celestino Aznar Tena abrió una pequeña empresa de medias, seguramente, no imaginó que aquella pequeña fábrica sería el germen de la empresa de medias más importante de España y una de las más importantes de Europa. Corría el año 1907 y, por aquellos tiempos, hacía casi 20 años que Celestino se dedicaba, como muchos otros villafranquinos, al negocio de las caballerías. Como buen tratante, Celestino, fumador empedernido, pasaba la mayor parte del tiempo yendo de un lado a otro de la geografía peninsular a la búsqueda de hacer el mejor negocio con sus mulas y caballos. España se encontraba todavía inmersa en la resaca causada por la pérdida de las islas de Cuba y Filipinas y los españoles trataban de sobrevivir a los efectos comerciales causados por la pérdida de las colonias. fue, precisamente, a partir de esta realidad, que en los primeros años del siglo XX, el gobierno de Francisco Silvela apoyó las inversiones siderúrgicas en el País Vasco y las textiles en Catalunya. Fruto de este apoyo  y de una tradición secular, la industria textil catalana, convirtió esta región  en una de las más prósperas de la península, a la vez que fomentó la consolidación de la burguesía catalana.

En Vilafranca, mientras tanto, el negocio textil ya había empezado a aflorar. Celestino Aznar continuaba alternando sus largas idas y venidas a lomos de sus caballos con cortas estancias en su pueblo natal. Sin embargo, al poco de cambiar el siglo, Celestino tenía ya tres hijos, José, Enrique, Celestino y Juan Antonio, al que después se le sumaría Luis, todos ellos fruto de su matrimonio con Francisca Iñigo. La señora Francisca, como era conocida entre los vecinos del pueblo, era natural de Fortanete y tenía una hermana que vivía en Calamocha, en la provincia de Teruel, el marido de la cual había probado suerte en el negocio de la fabricación de mantas. Segun nos cuentan, el negocio era tan prospero que el éxito de su hermana despertó la curiosidad  de Francisca. Aquella señora veía como su marido tenía que pasar largas temporadas fuera de casa mientras ella estaba criando sus hijos a solas. Por eso en una de las breves estancias de Celestino en el hogar, la señora Francisca se le plantó delante y le dijo que quería “ser fabricanta”, como su hermana.

De tratante a empresario

Corrían los primeros años del siglo y Celestino hizo caso a su mujer. Con los ahorros de tantos años como tratante, aquel hombre, amante de los cigarrillos y poco esmerado en su higiene, vendió buena parte de su caballería y tras probar primero con una serreria, acabó por decantarse por abrir una fábrica de medias en el número 12 de la calle Alcalá. La apuesta era arriesgada, pues el centro de producción de medias se situaba en Cataluña y el de las medias era, todavía, un sector  nunca explorado en Vilafranca. Pero Celestino contaba con una ventaja. Desde siempre en Vilafranca  hubo la tradición de que los tratantes aprovecharon sus viajes para guardar en los zurrones calcetines, medias y tocas producidos en el mismo pueblo para ser vendidos. Merced a esta tradición, Celestino, que ya por aquellos años debiera ser un experimentado tratante, conocía un buen puñado de vendedores y compradores del sector textil, con los cuales establecería los primeros contactos.

De esta manera, en el año 1907 se fundaba una pequeña empresa con poco más de 15 operarias. La fábrica, aunque modesta, fue durante algún tiempo, la más grande de las que existían en Vilafranca. Sin embargo, el modelo de producción distaba mucho de aquel que estaba a punto de implantarse en el otro lado del  Atlántico. Sólo un año después de que Celestino pusiera la fábrica de medias en marcha, Henry Ford, principal artífice de la evolución del sistema de producción norteamericano y propietario de la marca de coches Ford, lanzaba el modelo “T”, del que vendió dos mil unidades, una cifra récord para la época. El éxito del modelo “T” sería el que cinco años más tarde le animaría a introducir en sus factorías el sistema de producción en serie, una auténtica revolución para el mundo de la producción y el consumo. En un plazo de 15 años más, la compañía de Ford celebraba la salida al mercado del vehículo que hacía 15 millones.

Pero esto era lo que pasaba a el otro lado del Atlántico.  En Vilafranca, las cosas iban mucho más despacio. Para empezar, Celestino se desplazó a Cataluña para comprar las primeras máquinas para hacer medias de punto inglés. Las máquinas se transportaron a Vilafranca y se instalaron en la fábrica situada en lo que entonces eran las afueras del pueblo. Celestino disponía ya de la fuerza de trabajo y de la tecnología necesaria para ponerse a producir medias. Sin embargo, la llegada del primer invierno demostró que haría falta esperar un tiempo para conseguir que la fábrica funcionara con normalidad. Y es que, Celestino y los trabajadores se encontraron que las máquinas de confección quedaban inutilizadas, como consecuencia de las inclemencias del clima villafranquino. Efectivamente, el frío del invierno propiciaba que las máquinas se dilataran y no funcionaran correctamente. El problema no se soluciono hasta la puesta en marcha de la calefacción. A lo largo de los primeros años, fueron muchos los problemas que se plantearon, pero Celestino consiguió darles una solución.

La señora Francisca le había pedido a su marido que quería “ser fabricanta” y Celestino le demostró en pocos años que no se había equivocado al elegir la media como artículo a producir. Sobre todo, porque la media es una mercancía especialmente ligera y que, por lo tanto, resultaba relativamente barata de transportar para ser vendida en otros lugares. Por otra parte, Vilafranca disponía de una mano de obra barata, propiciando que el producto fuera competitivo respeto de los que se producían en Catalunya, verdadero centro textil de la época.

Los primeros años de la fábrica coincidieron con el inicio de un siglo convulsionado por las guerras. Cuando el 28 de julio de 1914, siete años tras la fundación de la fábrica, un joven asesinó al arxiduque  Francisco Fernando Habsburg, pocos, incluido Celestino, pudieron pensar que repercutiría en el devenir de la fábrica de medias de Vilafranca. El asesinato del archiduque, en el centro de Sarajevo, fue el detonante para el estallido de una guerra, la Mundial, en la que los países vecinos a España se implicarían por completo. Todo y los avances técnicos, las mulas y, en especial, los caballos siguieron siendo el principal medio de transporte de militares y civiles. Los tratantes de caballerías españoles hicieron, segun nos cuentan, su propio agosto a expensas de las necesidades francesas. De esta manera, Celestino se deshizo de las últimas caballerías de que disponía  y, de paso, se aseguraba el apoyo económico a su naciente empresa de medias.

Poco a poco, las cosas empezaron a ir bien para aquella fábrica de medias y Celestino se permitió el lujo de sustituir parte de la maquinaria por las denominadas Cottons, con las que se fabricaban medias con costura. Se trataba de un ingenio similar a los telares con unas separaciones denominadas fronturas. Cada una de las fronturas fabricaba una media siguiendo la anchura de la pierna de una mujer. Después, la trentena de operarias que allí trabajaban se encargaban de coserlas por el talón y la punta. Para cuando las Cottons llegaron a Vilafranca, la seda natural, material que había estado utilizado en los comienzos de la fábrica, ya había estado sustituida por una seda artificial nominada rayón. Sin embargo, cada media contenía dos materiales: el primero, el algodón, para el pie; el segundo, el rayón, para el resto de la pierna.

Pero las medias no eran el único producto que se producía en Vilafranca. Por aquellos tiempos, el pueblo había conseguido situarse como un auténtico polo industrial.  El 1923 el pueblo contaba ya con una veintena de empresas que funcionaban a pleno rendimiento y que hacían de Vilafranca un caso sorprendente, dentro de el inhóspito territorio en que se desarrollaba aquella intensa vida fabril. Así, a las medias que producía la fábrica de Celestino, habia que sumar también mantas, calcetines, calzoncillos, bufandas, fajas, tocas y algunos otros productos no textiles como los embalajes de cartón, chocolates o jabones.

Y mientras todo esto pasaba, en España se iba creando el caldo de cultivo para una guerra que finalmente estallaría el 18 de julio de 1936. Celestino Aznar Tena, fundador de la fábrica, había muerto tres años antes, a los 58 años de edad. Detrás de él había dejado una empresa que funcionaba a pleno rendimiento y que daba trabajo a una treintena de villafranquinos. Pero la Guerra Civil, que en Vilafranca se llevó la vida de los de un bando y de los de el otro, afectó el funcionamiento de la fábrica. Los hijos de Celestino, Luis, Juan Antonio y Celestino (Enrique había muerto y José nunca padeció ninguna represalia), que había sido el alcalde más joven de la historia de Vilafranca, huyeron una noche hacia las montañas de Teruel sabedores de que sus vidas corrían peligro. Al día siguiente de su marcha, milicianos republicanos entraban en sus casas para detenerlos. Luis, Juan Antonio y Celestino ya no estaban allí. Su madre, la señora Francisca, que desde la muerte de su marido se había quedado al frente de la empresa, tuvo que retirarse en casa de su hija y sólo la edad la salvó de ir a la prisión. La fábrica se quedó sin un cabeza visible que la dirigiera.

Pero los trabajadores de la fábrica no se quedaron parados. Sólo algunas semanas después de que estallara aquella guerra incivil, los operarios y operarias de la fábrica constituyeron lo que ellos denominaron un control de empresa constituido por Carlos Alcón, Gloria Corbatón, Vicenta Torres y Julio. Merced a ellos y al trabajo de todos los trabajadores que no marcharon al frente, la producción de medias no se paró durante los 3 años que duró el conflicto.

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