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Historia

historia2.jpgLa presencia humana en Vilafranca ya se remonta a la prehistoria. Restos encontrados en la “Rourera” y en la “Cova del Barranc de la Fontanella”, o las pinturas rupestres de la “Covatina del Tossalet del Mas de Rambla”, del período Epipaleolítico - Mesolítico (10.000 - 5.000 a.C.) así lo demuestran.

A mediados del siglo XX, se descubririon vestigios arqueológicos de la existencia de un poblado de la Edad del Bronce Medio (1600 - 1200 a.C.), muy cerca de la actual población, en la denominada “Ereta del Castellar”. También existen indicios de la presencia de los romanos (inscripciones) y de los árabes (torres defensivas y monedas).

Pero la historia de Vilafranca comienza realmente el día 7 de febrero de 1.239, cuando Blasco de Alagón otorgaba la “Carta Pobla del Riu de les Truites”, en el lugar que actualmente se conoce como “La Pobla del Bellestar”. La finalidad de este documento era fomentar la atracción de nuevos pobladores hacia el territorio recientmente conquistado a los árabes, y revitalizarlo. Concretamente, se repartía los derechos y obligaciones entre el Señor (Blasco de Alagón) y los primeros pobladores (Marco de Villar Longo y García Navarro). Suponía también la independencia del “Riu de les Truites” del Castillo de Culla y la partición de los términos. Es por tanto, la partida de nacimiento del pueblo.

El señor que reparte la tierra lo hace de forma que sea atractivo para los pobladores a causa de las ventajas que les da: reconocimiento de los derechos cívicos, poca presión económica, etc., unos privilegios que en definitiva, sirven para atraer a los nuevos pobladores de un territorio que, de no ser así, permanecería deshabitado e improductivo, dada la escasa densidad demográfica del siglo XIII.jaume.jpg

La Carta Pobla permite la creación de una villa (y no-aldea) “franca y libre” a la que se le asignan unos límites con absoluta presición. Los pobladores se regirán conforme a los fueros, usos y costumbres de Zaragoza, tendrán que guardar fidelidad a Dios y estarán obligados, como vasallos, a guardar fidelidad y lealtad a Blasco de Alagón y a sus sucesores, quiénes como contraprestación respetarán los pactos y los harán respetar. Los nuevos pobladores que tengan casa abierta y habitada durante un año y un día podrán hacer lo que quieran con sus propiedades con absoluta libertad.

Poco tiempo duró esta situación, ya que el año 1.303 el rey de Aragón, Valencia y Múrcia, Jaime II “El Justo” la agregó a los términos de Morella. ¿Por qué? Los vilafranquinos no le habían hecho ninguna maldad al rey, pero ese territorio era un lugar estratégico, en la confluencia de tres paises de la Corona, rodeado de las Órdenes Militares, un contra-poder muy peligroso. La Orden del Temple tenía Cantavieja e Iglesuela del Cid (lado aragonés) y Culla (lado valenciano). Vilafranca quedaba en medio, con el riesgo para el rey de que pasara también a manos de los Templarios, por alguna extraña maniobra. Y un contra-poder tan fuerte no le convenía. La solución fue agregarla a un término poderoso como el de Morella.

Después de tres siglos de problemas, económicos y fiscales principalmente, entre Morella y sus aldeas (Vilafranca), y de reclamar contiuamente la independencia, un 9 de febrero de 1.691, Carlos II firmaba en Madrid el decreto de separación, en la jurisdicción, gobierno y contribución de Morella de sus nueve aldeas, y se convertían así, en municipios autónomos con todos los órganos de gobierno y justicia correspondientes.

El notario vilafranquino Juan Bautista Peñarroya fue el autor de las continuas, esforzadas y acertadas actuaciones en favor de la independencia. Y el noble Ventura Ferrer y Milá, Barón de la Serra d’En Garceran, Señor de la Puebla Tornesa y de Borriol, Conseller de su Majestad y Gobernador de la ciudad de Játiva, se encargó de darles posesión de todas las prerrogativas y privilegios y erigirlas en Villas reales.historia1.jpg

Las ceremonias de la toma de posesión duraron una semana; en Vilafranca comenzaron el 18 de junio: misa, juramentos de cargos, plantada de los bieldos y el “pilleric” como signos de autoridad, delimitación de los términos, comidas fastuosas, etc., es decir, todo aquello que mostrara la alegría de haber conseguido la independencia.

Carlos II murió sin descendencia y los candidatos a la sucesión fueron Felipe IV y el archiduque austríaco Carlos. Mientras que Morella se decantó por el rey Felipe IV, las ex-adeas, entre ellas Vilafranca, lo hicieron por el archiduque Carlos. Entre diversos hechos bélicos, se llegó al 25 de abril de 1.707 en que, después de la derrota de Almansa, se perdieron los fueros y los derechos específicos de los reinos de Aragón y Valencia. Al final, ganó el rey Borbón y el archiduque Carlos abandonó la lucha.

En el siglo XIX, estas tierras fueron protagonistas de las Guerras Carlistas. De hecho, en el término de Vilafranca se libraron importantes batallas durante estas guerras, algunas de ellas decisivas para la victoria de los liberales, como la del “Mas de la Carrasca” y la del “Pla del Mosorro”. Tras la muerte de Fernando VII se produjo otro conflicto dinástico. El rey dejó el trono a su hija Isabel II. Pero, otros no fueron partidarios de esta sucesión y proclamaron al hermano del rey, Carlos. Esto provocó una cruel guerra entre los partidarios de los dos bandos. El general Cabrera enarboró la bandera de los carlinos en esta comarca, aunque Vilafranca se decantó por la reina. Finalmente, los carlinos fueron vencidos por las tropas de Jovellar y Villaviciosa, con la consiguiente rendición.

cabrera.jpgYa en el siglo XX y después de dos repúblicas, comenzó la Guerra Civil (1.936 - 1.939). Vilafranca quedó en zona leal a la república. La revolución se manifestó en colectivizaciones, sobre todo en Vilafranca. La CNT la desarrolló a partir de las tierras aportadas voluntariamente. Al llegar las tropas franquistas se acabó la guerra en la comarca de Els Ports, aunque, en cierto modo, continuó con los “Maquis” con la guerra de las guerrillas.

La década de los años 50 y 60 supondrán para Vilafranca una nueva despoblación. Con la muerte de Franco, Vilafranca y la comarca renacerán culturalmente: el Aplec de Els Ports, TV local, Els Ports Radio, Revista Au (comarcal), Revista La Vila (local), etc.

En la actualidad, a pesar de ser un pueblo ubicado en plena montaña ibérica, Vilafranca posee una notable vocación urbana y es el claro motor económico de la comarca, aunque sea poco habital en lo que podría resultar común en una población castellonense de interior.